Llevas varios días de peregrinación hacia Compostela, disfrutando de los verdes inagotables del paisaje gallego, de sus aldeas con casas de granito, del olor a eucalipto y a tierra mojada. De repente, te llama la atención un manojo de ramas con flores amarillas colgado en la puerta de una casa. Después ves otro, en el parachoques de un coche. Otro más, atado al espejo retrovisor de una furgoneta. Si haces el Camino de Santiago por la costa, incluso puede que los veas en algún barco. Y, claro, te preguntarás por qué.
Pues nosotros te lo contamos.
Bienvenidos a uno de los rituales más antiguos y vivos de Galicia, la tradición de Os Maios
La xesta, flor de protección
Lo que ves en las puertas y en los coches es xesta, conocida en castellano como retama negra o hiniesta (Cytisus scoparius). Es un arbusto muy común en los montes y caminos de Galicia, que entre abril y julio estalla en flores amarillas intensas, tiñendo el paisaje.
En mayo, cuando los peregrinos recorren el Camino de Santiago, la xesta está en plena floración, así que es imposible no verla.
Pero estamos en terra meiga, así que la xesta no solo decora, sino que también protege.
Según la tradición gallega, colocar ramas de xesta en la entrada de la casa, en la embarcación o en el coche antes del amanecer del 1 de mayo ahuyenta a cualquier fuerza negativa que quiera colarse con el nuevo mes.
En palabras de los mayores de las Rías Baixas, sirve “para que non poida entrar o maio, nin collan o meigallo”. O, dicho de otro modo, para que la mala suerte, el mal de ojo y los espíritus oscuros no encuentren hueco en tu vida durante el mes que empieza.
¿Qué son “Os Maios”?
La Festa dos Maios es una de las celebraciones más antiguas de Galicia. Sus orígenes se remontan a las civilizaciones prerromanas del noroeste peninsular, con posibles conexiones con la festividad celta de Beltane, la noche del 30 de abril al 1 de mayo, y que marcaba el inicio del verano pastoral, y con el culto romano a la diosa Maia, deidad de la fertilidad y la primavera. Algunos etnógrafos han relacionado incluso las formas cónicas de las esculturas que se realizan en los pueblos y ciudades con antiguos montículos funerarios o rituales celtas.
Lo que los gallegos llamamos maios son estructuras vegetales (armazones de palos recubiertos de musgo, hinojo, xesta y flores silvestres) que adoptan habitualmente forma cónica o piramidal.
Encima, siempre una cruz, porque aquí religión y superstición van de la mano.
Se construyen para desfilar por las calles del pueblo en los primeros días de mayo, acompañadas de coplas cantadas, muchas veces satíricas, que hacen las delicias de los vecinos.
Los materiales para construir “Os maios” deben ser siempre naturales y, en la tradición más auténtica, robados, según exigía el ritual.
Existen dos grandes tipos: los maios tradicionales (cónicos o piramidales, los palleiros de Ourense pueden superar los cinco metros de altura) y los maios artísticos, de elaboración más libre, que recrean hórreos, cruceiros, puentes, animales o figuras humanas con asombrosa creatividad.
En localidades marineras como Marín, incluso tienen forma de barco, claro.
Un ritual de la cultura gallega que ha sobrevivido a todo
Lo que hace de Os Maios una tradición verdaderamente extraordinaria no es solo su antigüedad, sino su capacidad de traspasar los tiempos.
Ha sobrevivido a romanizaciones, a la cristianización medieval, a siglos de cambios sociales, y ha llegado hasta hoy.
Antes eran los cuernos del ganado o los aperos de labranza los que lucían la xesta, pero el gesto es el mismo, el de invocar protección, celebrar el renacimiento de la naturaleza, darle, por fin un portazo al invierno.
En Ourense, la Festa dos Maios fue declarada Fiesta de Interés Nacional en 2001. En Pontevedra, Vilagarcía de Arousa, Redondela, Marín, Portonovo y decenas de pueblos por toda la comunidad, los concursos de maios y coplas congregan a vecinos de todas las edades en torno a la celebración de la llegada de la primavera.
El Camino de Santiago y Os Maios, espiritualidad y superstición
Para los peregrinos que recorren el Camino de Santiago en primavera, el encuentro con Os Maios es una de esas sorpresas que hacen que disfrutes aún más de la ruta jacobea.
Galicia es una tierra donde lo sagrado, la superstición y lo cotidiano se mezclan con una naturalidad pasmosa, donde los rituales paganos y los cristianos conviven sin contradicción alguna, donde la magia es una forma de vida. Ya sabéis, que haberlas, haylas…
Así que, si te encuentras con esas ramas de flores amarillas colgadas, debes saber que esa xesta lleva miles de años protegiendo a los que viven tras ese umbral.
Igual no es mala idea que tú también cuelgues una ramita en tu mochila de peregrinos para que su protección te acompañe durante el resto del Camino.
Buen Camino!!!



