La flecha amarilla en el Camino de Santiago y Elías Valiña

Publicado el

7 de mayo de 2026

Si crees que llegar hoy peregrinando a Santiago, sin hacer trampas con el Google Maps que, además no te va a servir de mucho, puede ser complicado en algunos tramos, imagínate lo que suponía en la Edad Media, cuando los peregrinos de entonces no tenían ni mapas.

Hoy, en muchos tramos, te vas guiando por las famosas flechas amarillas. Cada vez que te encuentras una sabes que vas bien, que el Camino de Santiago sigue en esa dirección.

Pero esas flechas amarillas son relativamente nuevas. Y se las debemos a Elías Valiña Sampedro, cura do Cebreiro que, con un bote de pintura amarilla y un Citroën dos caballos, cambió para siempre la historia del Camino de Santiago.

El párroco de la primera localidad gallega del Camino Francés

Elías Valiña nació en 1929 en Mundín, una pequeña aldea de Sarria, en la provincia de Lugo. Fue ordenado sacerdote en 1957 y destinado a la parroquia de Santa María la Real de O Cebreiro, ese pueblo de pallozas y niebla perpetua que se asienta en el puerto de montaña por el que el Camino Francés entra en Galicia. Allí viviría, trabajaría y moriría. Treinta y dos años de párroco en el mismo lugar, con una dedicación que trascendió con mucho la vida parroquial.

Valiña era un hombre de formación sólida: licenciado en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Comillas y doctorado por la de Salamanca. Ya en los años 1961-62 redactó su tesis doctoral: “El Camino de Santiago. Estudio histórico-jurídico”, convirtiéndose así en uno de los primeros académicos en abordar la ruta jacobea con rigor científico.

En aquel momento, el Camino era poco más que un recuerdo, ya que los tramos estaban perdidos entre maleza, los pocos peregrinos que se aventuraban se perdían continuamente. La tradición medieval parecía condenada al olvido.

La historia de la flecha amarilla en el Camino de Santiago

En 1984, Elías Valiña emprendió la tarea que lo inmortalizó, nada menos que la señalización completa del Camino Francés desde Roncesvalles hasta Santiago de Compostela. Se subió a su pequeño Citroën dos caballos, cargó unos cuantos botes de pintura y recorrió los cientos de kilómetros de la ruta, deteniéndose en cada cruce, en cada bifurcación, en cada punto donde un peregrino pudiera dudar.

Y pintó una señal muy sencilla para marcar el sentido de una dirección, flechas.

El color, como tantos grandes aciertos de la historia, tiene su leyenda. Unos cuentan que el párroco compró a bajo precio pintura sobrante de las obras de señalización de carreteras y simplemente aprovechó lo que tenía. Su sobrino y confidente, José Manuel López Valiña, ofrece una versión algo menos azarosa, que el párroco había observado en Francia que el amarillo era el color empleado para señalizar las rutas de montaña, y lo adoptó conscientemente por su alta visibilidad y durabilidad. Casualidad o visión, el resultado fue el mismo: el amarillo se convirtió en el idioma universal del Camino.

No faltó la anécdota que la historia convierte en leyenda. Cuenta otra leyenda que, mientras pintaba flechas en los Pirineos, la Guardia Civil lo detuvo, intrigada y recelosa ante aquellas marcas misteriosas en mitad de la montaña. “¿Qué está usted haciendo?”, le preguntaron. La respuesta del cura fue tan seca como inesperada: “Estoy preparando una invasión”. Sólo que, en lugar de soldados, los invasores serían peregrinos.

Mucho más que una flecha amarilla que apunta a Compostela

La flecha amarilla es su legado más visible, pero la obra de Valiña fue mucho más amplia. Impulsó la restauración del poblado histórico de O Cebreiro, que culminó en 1971 con la inauguración del Museo Etnográfico. Recuperó tramos perdidos del Camino en Galicia, limpió senderos, elaboró cartografías, escribió guías. Entre 1985 y 1987 redactó personalmente el Boletín del Camino de Santiago, una publicación artesanal pero crucial para la red naciente de peregrinos y asociaciones.

También fue hospitalero incansable. Reabrió la hospería de O Cebreiro, que gestionó él mismo con su familia, atendiendo a los pocos peregrinos que se aventuraban por aquellos años.

En 1985, durante el I Encuentro Jacobeo celebrado en Compostela, fue nombrado por unanimidad Comisario del Camino de Santiago. Dos años después organizó el Congreso Internacional del Camino de Santiago en Jaca, donde se sentaron las bases del Camino como Itinerario Cultural Europeo, declaración que llevaría el Consejo de Europa a otorgar en ese mismo año, 1987.

Siempre en el Camino

Elías Valiña falleció el 11 de diciembre de 1989, a los 60 años, víctima de un cáncer. El primer Año Santo en que el Camino volvería a desbordarse de peregrinos (aquel famoso Xacobeo 1993) llegaría cuatro años después de su muerte. Nunca vio los frutos de su trabajo.

Dicen que, antes de morir, pidió a su familia una única que se aseguraran de que la flecha amarilla no desapareciera del Camino. Su sobrino José Manuel, junto con la escritora e historiadora británica Laurie Dennett, retomaron el proyecto cartográfico que el párroco había dejado inconcluso.

Hoy, la sepultura de Valiña reposa en la basílica de Santa María la Real de O Cebreiro. Sobre la piedra que lo recuerda, solo tres palabras en gallego: “Sempre no Camiño” (siempre en el Camino).

La flecha que siguen hoy cientos de miles de peregrinos

Cada vez que levantas la vista y ves una flecha amarilla pintada en una tapia, en un tronco, en el arco de un puente, estás siguiendo el espíritu de ese párroco de montaña que, cuando el Camino era poco más que un rastro borrado por el tiempo, decidió revitalizarlo.

En nuestras rutas del Camino, nos detenemos en O Cebreiro no solo para contemplar las pallozas, a veces cubierta de nieve, o la niebla que sube desde los valles. Pero ese lugar también es la historia de ese cura que, con un bote de pintura marcó las rutas a seguir.

Dada su relevancia, se ha hecho un documental sobre su figura “Elías Valiña, o inventor das frechas amarelas” y, el 2 de febrero de 2025, se celebró por primera vez el Día Elías Valiña Sampedro, coincidiendo con el 96º aniversario de su nacimiento, con actos en Sarria y la colocación de una placa conmemorativa en su casa natal de Mundín. Hoy, Elías Valiña ya es historia del Camino de Santiago

Buen Camino!

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